domingo, 22 de mayo de 2011

Doña María Teresa Mijares de Solórzano, 1ª Condesa de San Javier,
óleo realizado por Bartolomé Cazales en 1732 (Boulton, 1975)
Anónimo, Pendones alegóricos a la Virgen del Rosario, Caracas
bordados en hilos de oro (Fundación Polar)

El Retablo de la Venerable Orden Tercera,
Iglesia de San Francisco, Caracas
La Pieza más representativa del Maestro Carapintero
Domingo Gutiérrez (1765-1769).
Dorado por Juan Pedro López en 1771
(Duarte, 2004)

Orfebrería Colonial. Santo Sepulcro,
Sebastian Ochoa Montes (1728)
Solicitado por las Monjas del Convento de la Concepcióan,
actualmente en custodia de la Iglesia San Francisco de Caracas


Estatua orante del Obispo Diego de Baños y Sotomayor
Autor anónimo, principios siglo XVIII.
Capilla del Popolo, Catedral de Caracas.
(Barroso, 1993)
Imágen de un Acto Sacramental,
Cosstumbre extendida en los centros
poblados de la Venezuela Colonial
(Imagen Fundación Polar)

Atribuida por Duarte a Juan Pedro López (1766)
Nuestra Señora de Caracas.
(Duarte, 2004)



REVISION HISTORICA ACERCA DE LA ACTIVIDAD DE ARTISTAS Y ARTESANOS DE SANTIAGO DE LEON DE CARACAS
EN EL SIGLO DE ORO (SIGLO XVIII)





Vamos a hacer una aproximación sobre algunos aspectos culturales de la sociedad colonial en Santiago de León de Caracas durante el siglo XVIII, de cómo vivieron los numerosos artistas y artesanos que tuvieron en sus manos el poder de transformar materiales, realizar obras de considerable calidad, ofreciéndonos así con su legado una aproximación a la forma como decoraban sus casas e iglesias los antiguos caraqueños, como era la religiosidad de nuestro pueblo. También mostraremos algunos de los rostros de los llamados señores principales, blancos criollos con títulos de nobleza y de los señores obispos protagonistas de algunos de los eventos a los cuales me referiré más adelante.

Cuando pensamos en las obras artísticas de entonces, compartimos la falsa creencia que fueron realizadas por mano de obra esclava, y que las más destacadas fueron traídas de España, México, Portugal, Perú, u otras latitudes; que la ciudad era una pequeña aldejuela, cuyos vecinos apenas salían de sus casas, sus mujeres eran poco menos que iletradas, secundonas y multíparas en grupos familiares numerosos, aislados del mundo exterior, la esclavitud cernía sobre los vecinos un clima de sometimiento y silencio en la pequeña ciudad. Demasiados prejuicios, bastante alejados de lo que en los últimos años historiadores, cronistas e investigadores han estado encontrando en sus interesantes trabajos de reconstrucción, de exploración documental.

En las últimas décadas laboriosos investigadores como Alfredo Boulton, Graciano Gasparini, Carlos Duarte entre otros, nos han venido mostrando un panorama diferente al asomado en el párrafo anterior. El siglo XVIII, al que nos atrevemos a calificar como siglo de oro, resultó ser un periodo de tiempo en el que la ciudad mostró los signos de un notable progreso, condición que fueron consolidando sus antiguos habitantes, a través de casi dos siglos. Entonces, los caraqueños se habían asentado geográficamente en su accidentado suelo. Catedral, la parroquia más antigua concentraba la mayoría de las dependencias reales, religiosas y vecinos principales; Altagracia, auxiliar de parroquia tenía algunos vecinos acomodados, pardos libres y canarios, estos dos últimos grupos en su mayoría artesanos y artistas que a lo largo de este siglo fueron aumentando sus ingresos por el trabajo artesanal, comercial o artístico que realizaban en sus talleres, casas-tienda o ambulantes; San Pablo en cuyos límites funcionó el primer centro hospitalario (Real Hospital de San Pablo, Hospital de Caridad de mujeres), con una población creciente que antes de concluir el siglo debió formar otra parroquia alrededor de la Iglesia de Santa Rosalía de Palermo; y Candelaria, habitada en los primeros años de este siglo por los “sin techo” de entonces, la mayoría de ellos canarios y que formarían un iluminado y festivo sector antes de concluir esta centuria. En Altagracia y Candelaria, se residenciaron algunos de los artistas y artesanos caraqueños de quienes queremos referirnos en este trabajo.

El siglo XVIII se inició con la llegada de un nuevo Rey, Felipe de Anjou, quien tomaría el nombre de Felipe V, y cuyo arribo significaría la llegada de los Borbones al poder español. En Caracas los vecinos criollos habían conformado un grupot selecto, que disfrutaba del poder económico, algunos ostentaban títulos nobiliarios, y desde antiguo, en el poder político podían exhibir sus Alcaldes, quienes tenían la costumbre de gobernar temporalmente en la figura de los Alcaldes gobernadores, por muerte o ausencia temporal del gobernador titular, privilegio este confirmado por Felipe V, y hacia la tercera década del siglo derogado por el mismo Rey.

También tuvo lugar la fundación de la Real y Pontificia Universidad de Caracas (1721), sobre las bases del viejo Seminario Santa Rosa (1683), en la esquina suroeste de la Plaza Mayor, centro de enseñanza que había sido una antigua aspiración de los mantuanos que debían enviar a sus hijos a peligrosas travesías a otras tierras para completar su educación, así como también a la Corte Española, pretensión a la que no renunciaron algunas encopetadas familias hasta por lo menos la primera década del siguiente siglo. Los caraqueños también fueron testigos de los avances en tecnología, de las ideas del pensamiento, literatura que llegaba a las manos de ávidos lectores que acusaban recibo de lo último de la literatura europea, incluyendo algunos títulos prohibidos por la inquisición, cuya lectura propicio a la larga la ruptura con el régimen español (Leal, 1947).

En la división del trabajo los caraqueños del grupo de los blancos criollos se enorgullecían al ser llamados cosecheros (muchas de sus fortunas se originaron con el primer oro negro que tuvimos: el cacao); mercaderes (algunos incluso dueños de embarcaciones que comerciaban los frutos con Veracruz, y hasta participaban en la fijación de precios de los productos, antes de la llegada de la Compañía Guipuzcoana en 1730) y como instrumentos de trabajo no podían menos que soportar un libro, un rosario o una espada. Los demás oficios llamados inferiores eran ejercidos por los blancos de orilla, canarios, o los pardos libres. Pintores, músicos, orfebres, plateros, carpinteros, escultores, doradores, y hasta médicos recibían remuneración por sus trabajos lo que a lo largo del siglo significó la acumulación de modestas fortunas, posesión de esclavos, casas y otros bienes con lo cual no fue de extrañar que siendo el estrato más numeroso de la población recibieran consideraciones del Rey Carlos III como lo sería ya avanzado el XVIII la implementación del Comercio Libre y las Gracias al Sacar (Arcila, 1946).

A nivel administrativo el Rey Carlos III, uno de los más progresistas tomó decisiones que nos dieron a la larga la integridad territorial y la autonomía respecto a las Reales Audiencias de Santo Domingo y Santa Fe, es así como ordenó la creación de la Capitanía General de Venezuela (1777); el Real Consulado (1793); la Real Audiencia de Caracas (Pino Iturrieta, 1997).

Además de lo anteriormente señalado encontramos en los documentos revisados, a una comunidad profundamente religiosa, una población, en todos sus estratos, activamente participativa en los oficios religiosos y las fiestas de tablas que correspondía llevar en la capital de la Provincia (Otaduy, 1973), preocupada por el ornato de sus iglesias y conventos, integrantes de las distintas cofradías que había en cada centro religioso, figuras laicas que permitían la integración de los distintos estratos, reconocimiento y apoyo social, y, finalmente, organizadas en la idea indisoluble DIOS-REY, pero entre las generaciones que nacieron en las últimas décadas de este siglo, pudieron deslindarse de esta idea y permitirse una alternativa de cambio, se aprecio el germen del deseo de independencia que cristalizaría en el siglo XIX.





ACERCA DE LA ACTIVIDAD ARTISTICA Y ARTESANAL

En Caracas la actividad creativa estaba relacionada a lo religioso, siendo la Iglesia uno de sus principales empleadores. La estructura visual de la ciudad fue cambiando con la creciente remodelación y construcción de estructuras, desde las casonas solariegas y viviendas principales, puentes, plazas, teatro (1781) y dependencias de la corona que comenzaron a mostrar la influencia del barroco en las primeras décadas hasta el cambio de moda que significó la llegada del Rococo. El trabajo colectivo, la enseñanza del trabajo en los talleres (aprendices), una elevada autoestima sobre la calidad de sus desempeños caracterizaron la labor artística y artesanal en este siglo. El justo pago por sus trabajos en todas las áreas del arte, las destrezas en distintas disciplinas significaron el ascenso económico de este grupo en la sociedad colonial.

LA PINTURA:

Ningún trabajo que reseñe esta actividad está completo si no se recuerda el invaluable aporte que Alfredo Boulton nos legó. Reconocer los hombres y mujeres que se dedicaron a esta rama del arte en Santiago de León de
Caracas, es un requerimiento de nuestros tiempos. Redescubrimos los nombres y las formas de vida que los laboriosos pintores caraqueños, sin escuela formal pero con gran sensibilidad. Las estampas, la iconografía cristiana venía pautada por lo que importábamos de España y Europa en general, las primeras producciones tenían mucho del tenebrismo de la pintura flamenca (Boulton,1975). Las imágenes de Cristo, advocaciones marianas y los antiguos patronos fueron objeto de representación por parte de los laboriosos pintores de Caracas. Además de la pintura religiosa encontramos retratos de señores Principales, señores obispos y otros religiosos. Los pintores generalmente eran doradores, escultores, en esta área se destacaron:





El pintor del Tocuyo (Nuestra Señora del Rosario, témpera sobre Lienzo, joya de nuestra Colonia, ubicado en Lara I. de N. S. de la Concepción; Cuadro de Ánimas, principios de 1700)
Anónimo N. S. de la Candelaria, óleo sobre madera con aplicaciones de oro y plata, fines del XVIII)
Francisco José de Lerma (N. S. de Las Mercedes; Molduras del Retablo de N. S. del Pilar en 1715, Retrato de Feliciano Palacios y Sojo, 1726;
Juan Pedro López (De los más completos artistas de este siglo, ampliamente estudiado por Carlos Duarte)
Pedro Pablo Díaz (1748 pinta Gallardetes para la Cofradía del Rosario de I. de San Jacinto)
José Lorenzo Zurita (“Coronación de la Virgen”, y “Resurrección “, óleo sobre madera 1748, para la sacristía mayor de Caracas)
Pedro Juan Álvarez Carneiro ( Pinturas del Retablo de la Sacristía Mayor de Catedral)
Escuela de Caracas (La dormición de Santa Rosalía, Iglesia de Santa Rosalía)
Los Landaeta (Ntra. Sra. De Caracas de Juan José Landaeta, 1805, Ciudad Mariana de Caracas, 1766)

DORADORES:
Pedro Juan Álvarez Carneiro ( dorador Cátedra de Santo Tomás (1755) y del Retablo de la Sacristía Mayor de Catedral)
Antonio José Landaeta (1748)
Fernando Álvarez Carneiro (1735 a 1753)
Alonso de Ponte (ha. 1761)
Blas Miguel Landaeta (fines del XVIII)


LA ESCULTURA: Tallas en madera estofadas y policromadas, piezas de bulto, medio bulto y las quita y pon (de vestir)
Enrique Antonio Hernández Prieto (Talla de San Pedro Apóstol, 1742)
José Francisco Rodríguez, el Tocuyano (Adoración de la Virgen por la Santísima Trinidad, 1798)
Juan Francisco Figueroa y Liendo (S. Virgen de la Guía, Iglesia de San Mauricio, 1735)
Francisco Yánez (Realiza en 1755 imagen de N. S. de los Dolores, actualmente en Santa Teresa)

MODELADO EN ARCILLA:
Juan Pedro López (escultor de la Estatua la Fe (1760-1770), Torre de la Catedral de Caracas.)

ARTES DECORATIVAS Y APLICADAS:
CARPINTERIA Y EBANISTERIA: Tallas en madera de Retablos y Confesionarios.

PIEZAS UTILITARIAS: Sillas, butacas, mesas, escaparates, puertas, ventanas, armarios, parihuelas.

MARQUETERIA: Uso artístico de varios tipos de madera (de excelente variedad y calidad en el país), entre otros maestros carpinteros destacaron:

Domingo Gutiérrez (Retablo Mayor de la Orden Tercera, I. de S. Francisco, (1765-1768); Retablo del Santo Niño de Belen; idem, 1762-1764)
Antonio de los Reyes (Cátedra de Santo Tomás de Aquino, Capilla de Santa Rosa, 1755, Sillón de la casa de los Condes de San Xavier, 1750-1755)
Juan Francisco y Pedro León Quintana (Retablo Sacristía de Catedral, Retablo Mayor de Nuestra Señora de la Antigua en la Iglesia de San Jacinto en 1744.)
Francisco José Cardozo (Retablo de la Sma. Trinidad, I. de San Francisco, 1798; Retablo Mayor de la Iglesia de N. S. de Altagracia en 1817; Retablo del Santo Sepulcro de Catedral en 1791)
Serafín Antonio Almeida (Coro de Catedral, fines del XVIII)
Maestro Eugenio Juan Guzmán (Retablo de la Cofradía de San Pedro, Catedral, 1792)
María Anastasio de Castro (Única mujer de la que poseo referencia talló cuatro angelitos que rematarían las andas doradas de la Cofradía del Rosario de la I. de San Jacinto en 1743, los mismos fueron dorados por Pedro Álvarez Carneiro (Boulton, Juan Pedro López)

ORFEBRERIA Y PLATERIA: Destacada ejecución de piezas para la eucaristía, joyería para adorno de las imágenes religiosas:

Pedro Ignacio Ramos (Realizó columna de carey y plata del Santo Cristo de la Columna de la Iglesia de Altagracia en 1748; cáliz y patena para la Iglesia de Candelaria en 1764; y en 1766 tarjeta de Plata a N. S. de la Merced por su intersección en el terremoto de Santa Ursula de este siglo)
Juan Félix Olivares (Realizó doce arañas de plata para Catedral en 1752; en 1775 fue nombrado por el Cabildo caraqueño Contraste de oro, ante imposibilidad de Pedro Ignacio Ramos de asumir el cargo, Ramos fallece en 1781)
Domingo Tomás Núñez ( Realiza la tiara, cruz y llaves de plata para la imagen de vestir de San Pedro en 1742; termina en Caracas en 1756 el Sagrario de N. S. de la Coromoto de la Iglesia de Guanare, plata martillada, repujada y cincelada de 3 mts. de alto, una de las piezas de mayor tamaño que aún se conserva)

FUNDIDORES: de Campanas y Estatuas:

Sebastián de Ochoa Montes (Santo Sepulcro, Cedro con aplicaciones de Plata sobre Carey, Convento de la Concepción, 1728)
Luís Antonio Toledo (fundidor, autor de la primera estatua documentada en Caracas, 1770: La Estatua la Fe)

TEXTILES: Bordado y Confección de Pendones, alfombras, vestidos, Servicio Religioso.


BIBLIOGRAFIA

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SCHAEL, Guillermo José (1984). El vecindario de Bolívar. Gráficas Armitano. Caracas.



Lic. Danaeé Alvarado C.
Octubre, 2006